El Mundo Según Julius

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Dejen en paz a la niña

Mayo 11, 2007
Estaba pensando que debo hacer una especie de resumen de cual es la realidad de mi universo, el mundo real (o séase, la realidad del mundo real) para que puedan captar bien los sarcasmos autocontenidos, incluso en los títulos. Porque por algo existe lo que se llama “descontextualización”, verá usted, aunque el título de este artículo podría parecer sarcástico, hasta agresivo, y fíjese usté que no lo es. La niña está inevitablemente atrapada en una red formada por la brutalidad de los clasemedieros gringos que se comportan aún como sus antepasados de Salem y por la hipocresía de la sociedad que trata desesperadamente de quedar bien con todos, junto con un servicio legal que parece alimentarse de la aprobación de esa sociedad desbaratada por el odio, la paranoia y los prejuicios morales.

ParisParis Hilton anda intentando (y con toda razón, yo haría lo mismo en sus zapatillas), liberarse del enredo en que está metida por el gravisísimo delito de haber conducido en su auto con un “contenido de alcohol en la sangre de 0.08″ (¿¿??), luego haber andado sin licencia y con las luces apagadas. Vaya, vaya, fué más mala que cualquier drogadicto que anda suelto por ahí matando gente por unos centavos. Pero eso no es todo, el mayor crimen que la encantadora bebé ha cometido (aparte de ser una ninfita hot y no una dama de aguacate filantrópica como Diana), es ser la megaheradera del emporio Hilton, dueña de una fortuna que según algunos, no se merece porque no lo ganó con el sudor de su frente. Gracias a esa malhabida riqueza, la bebé no tiene derecho a divertirse y a gozar la vida sin sentir una gota de culpabilidad por tanta gente arrancada (como yo) que tiene que partirse el lomo o hacer mil malabares financieros para lograr tener lo mínimo necesario y disfrutar la vida de forma un poquito materialista (que finalmente es lo que hace la verdadera felicidad).

Es el síndrome de “pobre niña rica”, frase evidentemente acuñada por las mismas mentes (aunque sean de distintas épocas) que inventaron aquello de que “la suerte de la fea la bonita la desea”. Es decir, axiomas dedicados a consolar a las masas pobres y a los millones de mujeres feas en el mundo y así poder paliar su desdicha con un falso e inculcado sentimiento de superioridad. Me gustaría que a alguna persona que defiende ese tipo de falacias le fuera ofrecida la oportunidad de vivir de esa forma (rica o bonita), por lo menos un año, a ver si al final del lapso siguen opinando igual. Por supuesto que como estamos en el mundo real, eso no puede ocurrir, por lo tanto no podrá comprobarse, aunque sospecho que algunos, a pesar de estar internamente de acuerdo conmigo, no lo van a aceptar. Sin embargo, sí existe un dicho, un poco más profundo que los de costumbre, que refleja la realidad de la sabiduría popular milenaria: “mas vale ser sano, rico y guapo, que enfermo, pobre y feo”.

Entonces, Paris Hilton tiene las dos cualidades. Es rica y es bonita. Hace lo que quiere, no tiene preocupaciones. Se burla incluso de sí misma al exponerse como una inútil en The Simple Life. ¿Qué hace una sociedad envidiosa, entonces, al no poder desquitar su tremenda frustración de manera directa? Lo hace de manera indirecta, representada por un juez de moralísima corrupción (aquí la corrupción es la moralidad y el exagerado sentido de justicia, por supuesto), metiendo a la cárcel a una mujer que debe ser castigada porque es poseedora de oportunidades y goces que a los demás le son negados. Entonces, pone bajo una lupa su despreocupado comportamiento, y a la primera que la riegue (cosa fácil, en esa sociedad tan meticulosa (mientras miles de juniors hacen eso en otras partes y ni quien los atrape(gracias a sendos mordiscones y untadas de mano))) es señalada como si hubiese conspirado para asesinar a la señora esa… ¿como se llama? ah, sí, la hipócrita madre Teresa. Una vez en la telaraña judicial, la preciosa Paris, debe ser tratada, juzgada y castigada como igual, aunque no lo sea.

Paris, cierra las piernas porque el juez te la va a dejar ir.¿Porqué no es igual? Sencillamente, porque estamos viviendo en este mundo, el mundo real. El mundo en que, muy a mi pesar, como te ven te tratan. Donde poderoso caballero es Don Dinero. Donde este tipo de escarnios, aunque usted no lo crea, sean una parte más del espectáculo que, compuesto de pan y circo, se le da a la comunidad, no importando que sea un país poderoso como USA o un pueblo hambriento como Somalia. Finalmente, Paris Hilton juega el juego con todas sus reglas, con seductora candidez y fingido compungimiento, juego que terminará ganando, aunque la media proyecte una cosa muy diferente. Ya me la imagino -en caso de que la convenzan- en su ropa de prisión, simulando ser una más de las convictas, por 45 días, tomándose fotos para crear un slideshow del castigo, mientras en el fondo sale todas las noches a su mansión a través de un operativo de seguridad y estrictamente aconsejada por sus más cercanos para no dejarse ver, so pena de poner en evidencia las verdaderas maniobras orquestadas en la obscuridad.

Eso sí es vida… ¿lo dudan? Dejen en paz a Paris. Ella no tiene la culpa. Ella sólo desempeña el papel que le tocó vivir, muy a vuestro pesar. Mientras tanto, yo me alejo por completo del despreciable contingente que se pone feliz si a la niña le va mal, hasta si se resbala en la alberca y se rompe un brazo. Porque ¿saben qué? Sí hay envidias buena y mala, aunque algunos por ahí digan que no. La envidia buena viene acompañada de una admiración, ya sea por el talento artístico o por la tremenda suerte que le ha tocado al sujeto envidiado, y también de una positiva energía dirigida a modificar el (inexistente) karma (que en realidad es la combinación de eventos provocados con intención para disminuir los eventos fortuitos) y conseguir acercarse al nivel de ellos. La envidia mala es negatividad, destrucción, deseo enfermizo de que todos estén igual de jodidos que uno, algo que, curiosamente, no sólo al mexicano le sucede, incapaces de comprender que vivimos en un universo que funciona bajo un riguroso esquema del ying y el yang con un amplio espectro de 16 millones de colores intermedios. NO somos todos iguales, aunque los izquierdistas liberales crean lo contrario, y sus antagonistas lo crean demasiado. Por fortuna, habemos pocos en este sano planeta a quienes sí se nos ha bendecido con la capacidad para ver la verdadera verdad.

No me vengan, por favor, con el cuento de hadas de que Paris lleva una vida aburrida, miserable y vacía (boring, miserable, shallow, oh yeah), porque entonces, yo, que soy tan condescendiente, comprensivo y divinamente justo, propongo una original catafixia al primer heredero que se digne a atenderme, con notario presente y toda la cosa: le ofrezco mi fructífera, excitante y satisfactoria vida sin dinero o con finanzas al día (al nivel que todos los de mi calaña) y yo me quedo condenado al ostracismo, a sentirme hueco, vacío, miserable y con el espíritu más paupérrimo del mundo. Eso sí, por lo menos con un billón de dólares en mi cuenta. Y no digan que no me sacrifico.

Nota importante: ni este artículo ni su título contienen una gota de sarcasmo ni de desprecio a Paris Hilton, a quien admiro profundamente por, precisamente, valerle madre la opinión de los demás con tanto dinero que tiene, no como otros ricos o famosos -como la despreciable y maltrecha Diana Spencer- que se sienten supeditados a vivir haciendo obras de caridad para demostrarle a todos que tienen espíritu.

correspondencia: pnocosis+emsj@gmail.com
(sí, así con todo y el signo de “+”)

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